Mermeladas y conservas a consignación, en orden
Nada se echa a perder, así que nada te obliga a volver. El riesgo con las mermeladas no es perder producto: es olvidarte de una tienda seis meses.
En mermeladas la consignación es casi obligatoria: ninguna tiendita compra en firme dos docenas de frascos de un sabor que nadie ha probado. Los sabores raros van a consignación aunque los clásicos ya te los compren de contado.
La cuenta, con tus números
- En el anaquel la visita pasada
- 36
- Lo que sigue ahí hoy
- 14
- Se vendió
- 22
- Precio por frasco
- $85
- A cobrar
- $1,870
Las mermeladas son el caso donde nada te obliga a llevar bien la cuenta, y por eso casi nadie la lleva.
Lo que no caduca se olvida
Una quesería visita cada semana o pierde producto. Una panadería, cada tres días. Tú puedes dejar treinta y seis frascos en una tienda y no volver en medio año sin que se eche a perder uno solo.
Y ahí está la fuga: no es la caducidad, es la memoria. Seis meses después llegas, hay catorce frascos, y nadie tiene idea de si dejaste treinta y seis o cuarenta y ocho. La tienda tampoco te está mintiendo — de verdad no se acuerda. Se quedan con lo que los dos creen, que casi siempre es menos.
La resta que acaba con la discusión
22 frascos
vendidos, a 85 pesos cada uno
Dejaste treinta y seis, quedan catorce. La tabla de arriba ya hizo la cuenta; el número solo existe porque alguien anotó los treinta y seis.
No hay nada sofisticado en esa resta. Lo difícil nunca fue la aritmética, fue tener los treinta y seis anotados en un lugar que todavía tengas seis meses después.
La ruta mensual es la que te hace volver
6 meses
y ni un frasco echado a perder
Justo ese es el problema. Nada obliga la visita, así que la visita no pasa, y el conteo que era cierto en marzo es una adivinanza en septiembre.
Si el producto no te hace volver, que te haga volver una ruta. Pon tus tiendas en una ruta mensual, en el orden en que manejas, y a cada una le toca un mes después de su propia última visita. Si te saltas una, se queda pendiente en tu tablero hasta que llegues. Ese día, cada tienda se llena a lo que vende por semana por las semanas que faltan para su siguiente visita, así que a la tienda lenta no le dejas cuarenta frascos que va a tardar un año en mover.
Frascos rotos y sabores que no se mueven
Dos cosas de este oficio que en una hoja de cálculo quedan mal. La primera es la ruptura: un frasco roto que cambias no es venta ni una pérdida que debas olvidar, y se registra como reemplazo sin costo. La segunda es el sabor que no se mueve — la tienda vendió doce de fresa y dos del sabor raro, y si no lo llevas por producto, en la siguiente visita dejas otra vez la misma cantidad de los dos.
Preguntas frecuentes
- ¿Cada cuánto conviene visitar si el producto dura un año?
- Cada mes es lo común, y no por el producto sino por la cuenta. Si dejas pasar seis meses, lo que se vendió en marzo se cobra en septiembre, y para entonces ninguno de los dos se acuerda de qué había.
- ¿Cómo registro un frasco que se rompió en la tienda?
- Te lo llevas, dejas uno sano y registras el cambio como reemplazo sin costo. Nunca se cobra ni le genera comisión a nadie, pero queda contado, y un año de frascos rotos en una tienda se vuelve un número y no una sospecha.
- ¿Y si llego y la tienda todavía tiene de sobra?
- Registras la visita como "no se requiere entrega", con el motivo. El conteo se hace igual, el reloj de esa tienda arranca desde esa visita, y nadie se pregunta después si fuiste o no.